Desvirgado por la chacha



María tiene 52 años, la conozco desde que nací ya que es la chacha que trabaja en mi casa desde hace treinta años. Para mí es como mi madre ya que mi verdadera madre falleció cuando yo era pequeñito. Por tanto ella siempre ha sido mi figura materna.

Aún recuerdo mis primeras pajas con sólo trece años mientras la espiaba. Mi habitación era contigua a la suya y muchas noches la escuchaba gemir mientras se masturbaba, entonces aprovechaba para acercarme a la puerta entreabierta y me masturbaba mientras la veía toda espatarrada con su consolador dentro de su coño. Lo que nunca pensé es que con sólo 18 años iba a ser esa mujer madura la que me desvirgaría.

Recuerdo esa maravillosa noche con mucho cariño, llegué a casa sobre las doce de la discoteca y me la encontré en el sofá bebiéndose una de las botellas de vino más caras de mi padre. Llevaba un precioso traje negro y tenía cara de enfadada.

-Qué haces aquí tan pronto? Me pregunto al verme.
-Mañana tengo que madrugar para estudiar.

Le respondí mintiendo, no quería confesarle que acababa de romper con mi novia. Pero ella lo adivinó, sonriendo me pregunto por ella, una pregunta malévola y mi silencio me delataba.

María estaba un poco bebida, nunca la había visto contentilla y estaba muy sexy y graciosa. Sin esperarme su indirecta me preguntó:

-Por lo menos te la habrás follado antes de que te dejara.

Me ruborice y le respondí que no. Soltó una carcajada mientras me decía.

-No te preocupes a mí también me han dejado plantada esta noche, había preparado toda la cena, el traje, las velas y me llama para decirme que no venía, y aquí estoy bebiendo sola y en celo.

No reconocía a María, estaba nervioso y muy excitado. Ella controlaba la situación, me sirvió una copa mientras me acariciaba mi entrepierna.

- Aún eres virgen?

No podía creer sus preguntas, no le respondí, la cogí suavemente del cuello y la bese en la boca. Un beso casi materno, le susurré que sí que era virgen pero que esa noche iba a dejar de serlo. Mientras la besaba me quitaba la camisa. La desnudé sin parar de besarla, llevaba unas medias de encaje con tanguita y sujetador a juego.

Para tener 52 años María estaba muy bien. Culo redondo y respingón bien duro y tetas grandes y redondas con pezones duros y pequeños. Comencé a comerle su coño, estaba empapado de flujos, su clítoris ya estaba a punto de estallar y gemía como una perra en celo mientras le lamía todo su sexo. Paré y me pidió que me quitara los pantalones, se lanzó directa a mi polla que estaba tiesa como un palo, se la tragó entera, no paraba de chuparla y yo le pellizcaba sus pezones. La cogía desde la base mientras me pajeaba suavemente sin sacarla de su boca.

Le pedí por favor que parara si no quería tragarse una buena corrida, sonriendo paró, la tumbe y volví a chuparle su coño, me sujetaba de la cabeza fuerte contra su sexo, gritaba y gemía sin parar. Gritaba sin parar que quería que la follara ya, que quería sentir toda mi polla dentro de su coño mojado.

Así que la espatarré bien, le subí las piernas mientras la penetraba. Mi primera vez con mi chacha fue una maravillosa experiencia, se agarraba al cabezal de la cama mientras la follaba bien duro. Era una delicia notar como la penetraba, como toda mi polla entraba en su interior y como María disfrutaba dejándose follar. Estaba siendo desvirgado por mi chacha, una cincuentona cachonda que no tardó en correrse.

Estábamos tan excitados que no tardamos mucho en corrernos, comenzó a gritar de placer mientras se corría,su coñito se contraía y a mí cada vez me costaba más penetrarla, un roce increíble que hizo que no tardara en descargar toda mi corrida en su coño mientras le besaba y mordía su boca.

Así fue como perdí mi virginidad con mi chacha María, una cincuentona caliente y cachonda.

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