Follando con la madre madura de mi mejor amigo



Katia es la madre de mi mejor amigo de la facultad. La conocí en el primer años de carrera ya que muchas días entre semana me quedaba a dormir en casa de mi amigo que vivía muy cerca de la facultad. Ella tenía cuarenta y pocos y era una morena madura de enormes tetas naturales. Y sobre todo me encantaba su sonrisa y su cara de viciosa. Pero no fue hasta varios años después cuando pude acostarme con ella. El divorcio de sus padres fue un palo para mi amigo, pero en cambio a Katia le había sentado fenomenal. Cada día estaba más feliz y guapa y muchas noches podía escuchar sus gemidos mientras follaba con sus ligues. La mayoría chicos jovencitos.

Una mañana me llamó, las voces venían de su habitación, mi amigo había saliudo a trabajar y ella estaba recostada en su cama con un traje blanco ceñido sonriendo. Me acerqué a la puerta y me quede mirando sus piernas y sexo. Sonriendo me pidió que me acercara que no le tuviera miedo que sólo quería un poco de cariño mientras abría sus piernas y me enseñaba todo su coño empapado. No tardé en estar lamiendo todo su coño y culito. Bien espatarrada le metía los dedos en su coño y lamía su ano. Ella gemía de placer mientras me decía que estaba loca por probar mi polla. Así que me tumbó, me cogió mi polla tiesa y comenzó a chuparla suavemente desde la puntita hasta tragársela toda. La madre de mi amigo me estaba haciendo una brutal mamada y yo estaba loco por penetrar su coñito maduro. La tumbé a mi lado, le subí una pierna para dejar todo su sexo abierto y comencé a follarla, mientras la embestía sus enormes tetas y grandes pezones no paraban de moverse y ella me pedía que no parara.

Estábamos muy cachondos y follamos sin parar, se montó encima de mi polla y me folló hasta correrse, era una maravilla notar como no paraba de moverse encima de mí polla, bien espatarrada me follaba hasta el fondo, toda mi polla entraba en su coño caliente y húmedo, hasta que comenzó a gritar mientras se corría y se movía como una loca. Pero aún guardaba una sorpresa, después de correrse y todavía jadeando de placer se puso a cuatro patas y me pidió que se la metiera por el culo, yo no podía creerlo estaba a punto de encular a la madre de mi amigo, se la metí sin pensármelo pero su culito apretaba tanto que  no tardé en correrme.  Un polvo increíble que terminó con una buena corrida en su boca mientras ella gemía de placer y tragaba todo mi semen. Katia resultó ser una madurita salida y cachonda con ganas de follarse una buena polla joven.

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