Follando con una japonesa en la habitación del hotel



La conocí en un viaje de negocios que hice a Tokio. La primera noche me llamó la atención su belleza. Su preciosa sonrisa y su aspecto frágil y delicado hicieron que me fijara en ella. No paré hasta conseguir una cita con ella. Me presenté y le pregunte su nombre, Aya me respondió con una sonrisa. Estaba muy excitado y mi mente sólo pensaba en disfrutar  con una japonesa delicada y sumisa como Aya.

Me costó varios días convencerla pero al fín aceptó salir a cenar conmigo. Lo pasamos fenomenal y llegamos al hotel un poco bebidos. Aya se tumbó en mi cama y se quedó un rato dormida. Aproveché para hacerle fotos con su camisón mientras dormía su piel era suave y delicada. Tenía un precioso  culo redondo y unas pequeñas tetas puntiagudas.

Se despertó  al poco, al verme haciéndole fotos siguió con el juego mientras posaba para mí. Poco a poco iba quitándose más ropa, Aya estaba muy excitada y tenía ganas de sexo. Comencé a besarla y acariciarla, con el culo en pompa le lamí su culo y su coño mientras gemía sin parar. Su sexo estaba mojado y caliente. Yo estaba cachondo y con una erección brutal. Al ver mi paquete sonrió, se acercó y sacó mi polla. Al ver su enorme tamaño se asustó un poco. Me confesó que nunca la habían follado con una polla tan grande y me pidió que fuera despacio.

Antes se la metió en su boca. Hacía grandes esfuerzos para tragársela toda mientras con sus labios y lengua recorría toda mi polla. Luego lamió todo mi culo. Nunca me lo habían hecho y sentí mucha excitación. Necesitaba penetrarla ya. La tumbé boca arriba y con sus piernas bien abiertas sobre mi pecho la penetré suavemente. Costaba entrar dentro de su coño,  apretaba mucho y era maravilloso. Una vez dentro empecé a darle suavemente, ella tenía los pezones en punta y sus gritos conforme iba aumentando el ritmo y la dureza me estaban poniendo muy cachondo.

Estaba copulando con una japonesa preciosa, pensaba que no iba a tardar en correrse pero después de casi media hora seguida follándomela sin parar me dí cuenta que quizá acabaría corriéndome yo antes.

Le pedí por favor que no siguiera más que estaba exhausto y quería que se corriera ya. Aya sonrió puso su culito en pompa y me dijo que la follara bien duro. No me lo pensé, agarrándola bien de las caderas la embestía con fuerza, toda mi polla entraba en su coño mientras ella gritaba sin parar. No paró de acariciarse su clítoris hasta que se corrió.

Así follando  bien duro, mientras su coño se estremecía en un brutal orgasmo saqué mi polla y se la metí en su boca, estaba a punto de correrme. Descargué mi corrida mientras ella me pajeaba suavemente y se tragaba mi semen. No dejó ni una gota, mientras chupaba y lamía sin parar me quedé tumbado y agotado sobre la cama.

Después de pasar toda la noche follando  nos quedamos dormidos mientras nos besábamos y abrazábamos en la cama. Al despertar Aya no estaba. No dejó ninguna nota ni teléfono. Cada vez que vuelvo a Japón de viaje me hospedo siempre en el mismo hotel que ese día.

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