Follando con una pelirroja viciosa



Al entrar al despacho de la magistrada no podía creer lo que mis ojos veían. Abigaíl sonreía mientras me acercaba a su mesa, sin duda ya me había reconocido. Habíamos sido novios en el instituto, hacía más de diez años que no nos veíamos. Al terminar los estudios nos separamos pero nunca se me olvidaron la cantidad de noches que pasé follando con una rojiza viciosa.

Pasamos cerca de cuatro años estudiando en un instituto de internados, cada noche me colaba en su habitación y siempre acababamos follando hasta el amanecer. Había pasado mucho tiempo pero mis recuerdos seguían frescos como si fueran ayer.

Acabé la reunión follando con una taheña preciosa


Abigaíl había sido designada como la nueva magistrada tras la jubilación de la que durante cinco años había sido mi gran pesadilla. Hablamos durante más de una hora, recordamos los viejos tiempos y nos reímos mucho con la gran cantidad de anécdotas que teníamos de nuestros años de instituto.

Lo que menos me esperaba es que terminara la reunión follando con una pelirroja viciosa.Estaba a punto de irme cuando Abigaíl con una sorisa cerró la puerta de su despacho por dentro.Se me acercó besándome mis labios suavemente y me susurró que quería que la follara como cuando éramos jóvenes. Quería sentir otra vez mi gran polla en su coño como la primera vez cuando teníamos diecisete años.

Se sentó en la mesa desnuda sólo con sus tacones, bien abierta de piernas comenzé a lamerle su coño, mientras ella jadeaba. Abigaíl estaba preciosa, sus pequeñas tetas y su coño pelirrojo me trasladaron a los tiempos de instituto. Después fue ella quien me sacó la polla del pantalón que ya estaba toda empalmada y sonriendo se la llevó a su boca para hacerme una mamada brutal.
Abigaíl era mucho más agresiva que de joven, los años de carrera en los juzgados la habían convertido en una pelirroja viciosa y lasciva que disfrutaba del sexo de una forma más dominante. Le gustaba que la dominara, la penetrara duro mientras me pedía que le dijera que era una niña mala.

Después de un buen polvo y justo antes de correrme Abigaíl se puso sus gafas de lectura para que pudiera dejarle toda mi corrida en su cara mientras sonreía y jadeaba de placer.

Cuando estaba ya a punto de marcharme Abigaíl me dijo sonriendo que como magitrada estaba a mi servicio y que cualquier duda relacionada con algún caso no dudara en pasar por su despacho para resolverla. Yo ya pensaba en tener las mañanas estretenidas follando con la magistrada.

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