Follando en el tren de vuelta a casa tras las vacaciones



Las vacaciones en Londres habían sido un desastre. Y para colmo perdí mi tren después de que me robaran las maletas en la estación. Tuve que esperar hasta medianoche para coger el siguiente tren. Subí a un tren en el que no había un alma y mi sensación de miedo iba en aumento conforme inicié el viaje. A mi lado un hombre de unos 50 años que me causaba una mezcla de miedo y seguridad, y sobre todo con el que en ningún momento pensé que acabaría follando en el vagón esa noche con él.

Tenía por delante siete horas de trayecto y estaba muy cansada. Así que me propuse dormir unas pocas horas, cuando mi acompañante desconocido vio mis intenciones me dijo con una voz cálida y suave que no me preocupara que el no tenía sueño y que vigilaría y cuidaría de mí. Sus palabras consiguieron tranquilizarme.

A mitad sueño me desperté gritando y gimiendo, el desconocido se había acercado a mí y me acariciaba el pelo. Me preguntó si me encontraba bien y le dije que sí que había tenido una pesadilla. Aunque en realidad había tenido un sueño erótico.

Follando en el vagón con un desconocido; Mientras se sentaba a mi lado, yo le hice un hueco me besó en la boca y me acarició un pecho. Yo estaba muy excitada y me dejé hacer de todo. Sus manos me acariciaban y me quitaban la ropa mientras yo con los ojos cerrados disfrutaba de la compañía de un maduro desconocido.

A los pocos segundos estaba desnuda, abiertas de piernas mientras él me lamía mi clítoris y me masturbaba con sus dedos dentro de mi coño. Estábamos solos en el vagón y mi única idea era sentir toda su polla dentro de mí mientras follaba con un desconocido.

Se sentó en el asiento, con su gran polla empalmada en la mano, me acerqué muy excitada y de rodillas comencé a chuparle su polla. Sus gemidos me indicaban que le estaba gustando, recorría toda su polla desde la punta hasta la base de los huevos chupándola y tragandomela toda sin parar.

De repente me hizo parar, me tumbó en el suelo y empezó a penetrarme mientras subía una de mis piernas a sus hombros para penetrarme hasta dentro del todo. En esa posición sentía toda su gran polla dentro de mí. Ahí estábamos dos desconocidos follando en el ferrocarril y disfrutando de un buen polvo.

Ya a punto de correrse me puso a cuatro patas y agarrada a la barra del tren aguantaba sus embestidas cada vez más duras. No pude aguantar y me corrí enseguida, mis gemidos de placer hicieron que él se corriera después, dejando toda mi boca y mis pechos llenos de semen caliente.

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