Follando con la hija del granjero



La preciosa hija del granjero nos invitó esa mañana a desayunar. Siempre desayunábamos en el establo, antes de comenzar la dura jornada de trabajo. Así que aceptamos la invitación sin dudarlo. Habíamos escuchado hablar de ella. Un jovencita de 20 años rubia y con ganas de follar. Todos las granjeros de los alrededores hablaban de ella. Aprovechaba la menor ocasión que tenía para follar con sus apuestos y rudos empleados. Eso sí siempre que su padre no estuviera en la granja.

Esa mañana su padre había salido temprano a comprar maquinaria y Lulú que así se llama no quiso desaprovechar la ocasión. Entramos en su lujosa casa. Una casa pequeña sólo para ella ya que vive emancipada de sus padres. Teníamos un suculento desayuno en la mesa cuando Lulu comenzó a contornearse y acariciarse sus preciosas tetas redondas. Comenzamos a besarla y acariciarla sin parar mientras ella se dejaba querer. No tardó en tenernos sentados sobre la mesa con nuestras pollas tiesas en la boca. Chupaba y pajeaba nuestras pollas sin parar, desesperada. Tenía ganas de polla y iba a tener ración doble.

Mientras se tragaba toda la polla de mi compañero, la espatarré bien, le saqué sus braguitas y comencé a acariciar su coño. Lo tenía empapado así que no tardé en meterle toda mi polla mientras no dejaba de chupar y gemir. Luego cambiamos, la hija del granjero tenía una buena garganta, chupaba de maravilla y se tragaba toda mi polla grande y dura sin rechistar. Pero ella quería más, quería tener todos sus agujeros bien tapaditos y disfrutar con dos pollas a la vez, así que se montó encima de mi polla, se la metió toda en su culo. Gemía y gritaba de placer pero quería más.

Comenzó a cabalgar sobre mi polla, toda entera se la metía en su culito y su roce y notar como apretaba era una delicia. Ella mientras chupaba la polla de mi amigo. No nos defreaudó la jovencita, era cierto que era una verdadera cachonda salida a la que le encantaba follarse las pollas de sus empleados a pares.

Con una polla en su coñito y otra en su culo no dejaba de jadear y gritar pidiéndonos que le diéramos bien fuerte, que no paráramos de follarla. Así que la follamos sin parar, sus tetas golpeaban mi cara y ella no paraba de moverse. De repente comenzó a gritar, se estaba corriendo y casi no podía metérsela en su culito de lo que apretaba. Su culito estaba bien prieto mientras se corría, sus contracciones eran una delicia.

Exhausta aún le dió tiempo a disfrutar con nuestras pollas mientras nos corríamos en las tetas de la hija del ganadero, las pajeaba y chupaba suavemente mientras nos sacaba hasta la última gota de semen.

Disfrutamos de un agradable desayuno con la viciosa y salida hija de nuestro jefe. Se notaba que llevaba meses sin probar una buena polla y pudo disfrutar además con dos pollas que la saciaron por completo.

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