Follarla por el culo se convirtió en una obsesión



Quería follarla por el culo. Eso es lo primero que pensé cuando conocí a Katrina. Nos conocimos en la discoteca, desde el principio fue un flechazo. Me llamó la atención su precioso culo duro y respingón. Llevaba unos mini pantalones ceñidos que marcaban sus cachetes. Al verla por detrás imaginé que sería maravilloso encular ese culito preciso.

Pero la tarea no fue sencilla. Katrina era una preciosa joven. Tardamos más de un mes en acostarnos, se hizo de rogar pero valió la pena. Conforme pasaban los días y salíamos juntos me iba gustando más. Era cariñosa y muy simpática. Me confesó que no era virgen, que tuvo un novio bastante tiempo y ya lo había hecho. Entonces sonriendo le pregunté si su culito era virgen. Me miró con mala cara mientras una sonrisa pícara iba delatándola. Me respondió que sí. Pero que lo seguiría siendo por tiempo.

Esa respuesta me puso aún más cachondo. Mi obsesión por su culito iba aumentado y ella lo sabía. Ello hacía que nuestros encuentros sexuales fueran más excitantes. A Katrina le encantaba follar. Le encantaba mi gran polla. Sentirla dentro de su sexo la hacía sentirse mujer y a mí estar dentro de ella me hacía feliz. Nuestra relación iba de maravilla y teníamos ganas de probar nuevas cosas. Katrina también y así fue como probamos el sexo anal. Le prometí que lo haría suave, que no le haría daño. Fue un polvo increíble, los dos estábamos muy excitados sabiendo lo que íbamos a probar. Mi polla estaba más dura y grande que nunca y el coño de mi chica estaba muy mojado.

Le lubriqué bien su agujerito y se la metí suavemente. Fue ella quien sentándose suavemente iba controlando la penetración. Su culito prieto apretaba mi polla como nunca y sus gemidos de placer eran una delicia. Escucharla como disfrutaba mientras se metía toda mi polla en su culo. Poco a poco fue pidiendo que le diera más duro, estaba a punto de correrse cuando puso su culo en pompa y me pidió que se la metiera toda entera en su coñito y no parara de follarla duro hasta que se corriera.

La cogí de las caderas y la embestí sin parar hasta correrse. Con las piernas bien abiertas seguí follándola mientras ella alargaba su orgasmo. No aguanté mucho hasta que terminé corriéndome en su boca. Nuestra primera experiencia anal fue una delicia y no tardaremos en repetirla.

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