Joven asiática masturbandose con una gran consolador



La tenía frente a mí, una joven asiatica masturbandose con un gran consolador. Estaba muy excitada, podía escuchar sus gemidos de placer mientras se masturbaba sin parar. Con una mano se metía un enorme juguetito en su coñito y con la otra se acariciaba su clítoris.

Todo sucedió en mi despedida de soltero, mis amigos me prepararon una sorpresa. Entré en la habitación y enfrente de un sofá había un cómodo sillón. No había nadie, me senté esperando nervioso. A los pocos minutos apareció una preciosa jovencita asiática. Sólo llevaba un minitanga blanco que apenas tapaba su preciso culo redondo. Se lo quitó poniendo su culito en pompa y se sentó enfrente mía.

Al sentarse pude verla bien de cerca, era muy guapa, morena y con unas tetitas naturales pequeñas que debían ser una delicia al paladar. Se sentó y se espatarró dejando su sexo bien abierto. Un coñito bien depilado en el que se podía ver su gran clítoris, se lo acarició suavemente y se lo lubricó bien preparándolo para un enorme consolador que tenía en su mano. Estaba asistiendo a un precioso espectáculo erótico con una jovencita asiática. Apenas cabía su consolador en su estrecho coño y se esforzaba por metérselo todo.

Primero empezó sólo con la puntita. Apretaba fuerte para ir poco a poco metiéndoselo en su coño empapado. Sus gemidos y jadeos de placer eran una maravilla. Y yo ya tenía una brutal erección. Saqué mi polla y comencé a masturbarme suavemente junto con ella. Mi polla estaba toda mojada, tenía la puntita llena de semen y si no me controlaba me iba a correr enseguida, así que fui poco a poco disfrutando de mi paja mientras tenía a una jovencita asiatica desnuda enfrente de mí.

Pronto consiguió meterse todo el consolador en su coño y subió el ritmo, se estaba masturbando con ganas mientras no dejaba de acariciarse sus tetitas y su clítoris. Yo también me animé y me estaba masturbando junto a ella. Los dos gemíamos de placer mientras nos observábamos. Ella no tardó en correrse, echó su cabeza atrás y cerró los ojos mientras un orgasmo le sacudía su coñito. Se tensó y mientras gritaba de placer no paraba de meterse todo el consolador en su coño y acariciarse su clítoris. Así estuvo unos minutos hasta que suavemente paró y se quedó relajada.

Ni que decir que yo ya me había corrido. Una joven asiática acariciándose sólo para mí fue mi regalo de despedida de soltero.

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