La juez y una presa follando en la cárcel



La nueva juez de la prisión tenía fama de dura. Había sido trasladada de la prisión de hombres debido a las numerosas quejas y vejaciones que habían recibido muchos presos. Pero desde el primer día en la prisión de mujeres había sufrido un cambio radical en su comportamiento. Las presas hablaban maravillas de la juez.

Esa mañana tenía la revisión de mi condena y no tuve muchos problemas para preparar mi defensa. Me puse sexy, escotadita y con una minifalda muy cortita. Al sentarme enfrente de la juez sus ojos brillaban de vicio y no dejaba de mirar mis piernas y escote. Yo estaba muy cachonda, la juez era una mujer morena preciosa. Pelo rizado, labios carnosos y unas enormes tetas que se salían de su camisa ajustada. Estaba tan nerviosa que no dejaba de hablar. De repente expulsó a todos de la sala, abogados, policia... excusándose en mis nervios, así podria estar más tranquila para exponer mi defensa.

Nada más cerrar la puerta se me sentó enfrente sonriendo, llevaba una minifalda negra y le podía ver todas sus braguitas. Me levanté sin dudar y comencé a seducirla. Ella se dejaba querer, mientras la besaba en la boca iba quitándole su ropa, liberé sus enormes tetas, eran muy grandes y tenía unos pezones negros grandes y duros. Mientras se los chupaba y mordía ella comenzó a gemir de placer.

No tardamos en estar las dos desnudas sobre la mesa lamiendo y penetrándonos nuestros sexos. Sacó un consolador de su mesita con el que disfrutamos. Nos masturbábamos por turnos y no paramos hasta corrernos. Ella se corrió mientras estaba a cuatro patas y la penetraba sin parar con el consolador mientras le lamía su culito.

Al terminar conseguí el tercer grado, sólo tenía que acudir por las noches a prisión y únicamente los días que ella tenía guardia nocturna. Terminé mi condena disfrutando de muchas noches de pasión con la juez.

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