Madre e hija follando juntas



Mi hija y yo acudimos engañadas y por separado a casa de nuestro amante, que resulta ser el mismo. Antes de pedirle explicaciones decidimos follárnoslo. Todavía recuerdo cuando me encontré a mi hija en la puerta de la casa de mi amante. Ella me preguntó que hacia en casa de su novio vestida como una puta. A lo que yo le contesté que había ido a lo mismo que ella, a follar.

Ella se tomó mucho peor que yo que el tío con el que estábamos saliendo las dos nos estuviera engañando con la otra, quizá será por cosas de la edad. Pero antes de que se marchase indignada la convencí para que nos plantásemos delante de el y pasásemos un buen rato juntas antes de mandarlo a la mierda.

Así fue, entramos en la casa y allí nos estaba esperando nuestro chico. Él aun no sabia que éramos madre e hija, simplemente se había intentado montar un trio con la esperanza de quelas dos aceptásemos al coincidir una vez allí.

Nos sentamos en el sofá junto a él, y nuestras manos se empezaron a juntar. Nosotras nos disputábamos el abultado paquete del chico, mientras el trataba de prestar la máxima atención a nuestros pechos y culos. Poco a poco nos fuimos desnudando antes de lanzarnos a por él. Cuando la punta de su polla asomó por el encima de la cintura del pantalón la más rápida fue mi hija. Pero yo demostré tener mejores tragaderas y pude controlar las arcadas con semejante pollón albergando en la garganta, de nuevo cosas de la edad.

Cualquiera que nos viera hubiese dicho que este no es el tipo de cosas que deben hacer juntas una madre y una hija, pero la verdad nos lo estábamos pasando bien, y él estaba cumpliendo a la perfección con las dos. Después de probar la intensidad de sus embestidas, llegó el momento de que le desvirgará el culito a mi hija, con su madre como testigo de excepción. No se si seria por vergüenza, pero ni un quejido salió de la boca de mi hija, simplemente una lagrima recorrió sus mejillas antes de ponerse a gemir como una loca.

Mi culito, más acostumbrado a albergar enormes falos erectos en su interior, no mostró la misma resistencia a la penetración. Lo que a chico le permitió imponer un ritmo frenético con el que casi se corre en mi esfínter. Pero como buena madre, le pedí que descargara su sabroso néctar en la boca de mi hija.

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