Relato porno: Me follé a mi suegra



Mi suegra es una mujer de casi 60 años, para su edad tenía un físico envidiable.  Siempre ha vivido a la sombra de su marido, un militar de profesión retirado que amargó la vida de su mujer e hijas con una tiranía desmesurada. Todo cambió cuando él falleció, su muerte fue como una liberación para la familia. Mi suegra nunca aprobó mi relación con su hija y trató de separarnos en muchas ocasiones hasta tal punto que consiguió que mi matrimonio fracasara. Mi mujer nunca estaba en casa, siempre absorbida por su trabajo y poco a poco nos distanciamos.

La muerte de mi suegro hizo que mi suegra viniera a vivir a mi casa. Desde ese día todo cambió, mi suegra era una mujer feliz y radiante. Era una mujer irreconocible. Poco a poco fui conociéndola y poco a poco me enamoré de mi suegra. Mi matrimonio era un fracaso y sólo lo mantenía con la intención de seguir teniendo la posibilidad de conocer y disfrutar con la compañía de mi suegra.

Una noche después de cenar, estabámos tomando café y mi suegra tenía ganas de hablarme todo lo que llevaba dentro, me pidió disculpas por su comportamiento y por haberme hecho la vida imposible, todo había sido obra de mi suegro que era realmente quien quería destrozar mi matrimonio. Llorando me dijo que si podía hacer algo por arreglarlo con mi hija lo intentaría.

Yo estaba muy excitado y mi suegra estaba muy sexy y sometida a mi voluntad. Comencé a acariciar su cuello y masajearle la espalda suavemente, me centré en sus cervicales que tanto problemas le habían dado. Poco a poco se fue relajando y excitando y yo me fui creciendo. A los pocos minutos mi suegra estaba tumbada, se había quitado el sujetador y podía verles sus hermosas y grandes tetas.

Le dí la vuelta y apartando sus braguitas comencé a lamerle su sexo apenas se resistió, en cambio abrió bien sus piernas para que pudiera chupar bien su coño. No paraba de gemir y jadear de placer me confesó que hacía años que no practicaba sexo y que estaba desesperada por sentir como una buena polla la follaba bien duro.

Le comí su coño sin parar, su cítoris estaba mojado y durito mientras lo lamía sin parar le metí tres dedos en su coño y comencé a masturbarla.

Cogí mi polla y se la acerqué a su boca, comenzó a comerme la polla desesperada, se la tragaba toda entera y no paraba de chuparla mientras mi polla iba empalmándose en su boca.

Estaba ansiosa por sentir mi verga bien dura dentro de su coño, así que no la hice esperar, le quité sus braguitas y empecé a follarla bien duro, ella no dejaba de acariciarse y sobarse sus tetas mientras gemía. Se espatarró bien para que pudiera meterle toda mi polla hasta bien adentro.

Estaba muy cachondo mientras embestía sin piedad a mi suegra, una mezcla de rabia y placer me invadían mientras la follaba. De repente subió sus piernas a mis hombros, quería sentirla aún más adentro y a los pocos segundos se corrió, saqué mi polla y me corrí en sus tetas.

Sus gritos de placer eran una liberación para ella, hacía mucho tiempo que no se sentía mujer y estaba feliz. Comenzó a llorar emocionada y desconsolada.

Esa noche  volvió a sentirse mujer gracias a mí y consiguió dejar atrás un triste matrimonio y volver a ser feliz. Esa fue la primera y única noche que me follé a la madre de mi mujer.

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